Resulta como mínimo chistoso que la crítica vuelque su veneno en las interpretaciones de Destino Final 5 para desprestigiar un producto, que si bien estaba acabado no deja de entretener. ¿Acaso la combinación de Tom Cruise y Fran Rivera iba a opositar al Oscar con semejante despropósito? Es evidente que el consumidor de la saga no va buscando emocionarse con un guión sorprendente ni giros que dejen con la boca abierta. El objetivo esencial es contemplar como la muerte no concede oportunidades y la manera en que es presentada.
Cuchillos afilados que se balancean y fallos eléctricos que desencadenan una serie de hechos fortuitos hasta alcanzar el orgasmo en forma de sangre es la clave de Steven Quale para ser fiel al espíritu de la saga y dar por finalizado el destino.
Vale que todo ya está visto pero la cinta no desmerece con respecto a sus antecesoras. Desde la premonición en el puente hasta el encorsetado final el entretenimiento no decae y esto es algo a resaltar en un género confuso y arriesgado que se balancea más del lado de la comedia que del terror promocionado.
Aquellos fans de la saga están de enhorabuena pues el broche final viene cargadito de escenas para el recuerdo donde lo previsible se funde con lo 'freak' dando lugar a un humor más zafio que negro.
Lo mejor: el homenaje a La Naranja Mecánica en el oftalmólogo.
Lo peor: el excesivo preámbulo hasta la premonición.
