lunes 26 de julio de 2010

21 gramos. Lo mejor de Naomi Watts

Nunca el dolor estubo tan bien representado como el que siente el personaje de Naomi Watts en 21 gramos. Tras haberlo perdido todo la única obsesión es la venganza. En los ojos de la rubia se refleja el mayor sufrimiento que alguien puede tener, la pérdida de un hijo.
Sin caer en la exageración Naomi Watts nos brinda la mejor interpretación de su existosa carrera. Así lo habéis decidido con vuestros votos coincidiendo con mi opinión. No obstante hay que destacar esas Promesas del Este y sobre todo su última cinta estrenada en nuestro país, Madres e hijas en dónde ofrece un trabajo excepcional como la fría abogada inundada de traumas.
Nominada al Oscar por su interpretación en la cinta de Iñárritu, finalmente no se alzó con el galardón debido a que el maquillaje de Charlize Theron encandiló a los académicos. Otro de los mayores robos de la historia de los Oscar.
Está por ver si los paseos de la Watts por las calles londinenses de la mano de Woody Allen consiguen superar tan brillantes trabajos. Permitánme dudarlo.

miércoles 21 de julio de 2010

¿Y si ...?

Si miramos atrás podemos reflexionar sobre los hechos transcendentales que han ido marcando nuestra existencia. Sin embargo, la mente no se para a contemplar esos pequeños detalles que han dado paso a todo aquello que denominados los mejores momentos de nuestra vida. El simple hecho de bajar una escalera cinco minutos antes ya está condicionando lo que seremos. Es algo de lo que no se puede huir, llamémosle destino o casualidad.
Bajo esta premisa Van Dormael nos seduce, imágenes preciosas en mano, para convertirnos en Mr. Nobody. Esa persona que en su lecho de muerte hace un ejercicio de retrospección con el objetivo de ver que hubiera pasado si las elecciones tomadas fueran diferentes. Un tema muy recurrente en el cine y que tan buenos resultados ha dado no tiene por qué ser monótono siempre y cuando la historia esté tan bien contada y plasmada en fotogramas que la conviertan en cine de culto como podría ocurrir con estas vidas de Mr. Nobody.
Tras los esquizofrénicos primeros minutos del film en los que se nos presentan las fichas de un puzzle que debemos ir construyendo hasta ese final tan masticado, la cinta engloba tanta innovación como pretensión, siendo tan atractiva que es imposible no rendirse a ella. Es tal la avalancha de escenas que quedan para el recuerdo que su digestión conlleva tiempo y varios visionados. No caben los reproches a un trabajo sumamente vanguardista, por muy francés que pueda llegar a ser en ciertos momentos.
Estupendo guión, aplaudida fotografía, deliciosa banda sonora. Son numerosos los calificativos que se le pueden atribuir a esta sorpresa cinematográfica y es que cuanto menos esperas de algo mejor es su resultado. Los actores contribuyen, aún mas si cabe, a que la cinta sea inolvidable. Jared Leto se presenta ante el papel, o los papeles, más interesante(s) de su carrera. Dota a cada personaje de credibilidad por distintos que estos sean. Si cuesta olvidar su brazo en Requiem por un sueño no menos su elecrizante iris visto desde todos los enfoques posibles.
Hay que destacar la sabia elección de los papeles femeninos. La actriz fetiche de Isabel Coixet vuelve a convencer en sus escasas apariciones. Y es que Sarah Polley ilumina riendo o llorando. Mientras que la alemana Diane Kruger, nos recalca que belleza y talento no están reñidos.
A los que la tachen de caótica no se les quitará la razón pero sí hay que invitarles a terminar el reto y seguro que una sorpresa se llevarán.
Con destellos de Amelie y El efecto Mariposa, las Vidas posibles de Mr. Nobody tiene todos los ingredientes para convertirse en un clásico moderno que se irá descubriendo con el tiempo.

Lo mejor: la originalidad en su conjunto.
Lo peor: el reiterativo análisis científico.

domingo 18 de julio de 2010

¿Dónde está el musical? ¿Y la comedia?

Suele ocurrir que el mayor reclamo de una cinta sean sus protagonistas o su director, o tal vez una campaña publicitaria desorbitada o hasta incluso esa persona que un buen día se pone a escribir el guión. Esto último es lo que ha ocurrido con Una hora más en Canarias. Vendida al ser dirigida por el guionista de la exitosa El otro lado de la cama lo único que produce en el espectador es una sensación de fraude como se da en pocas ocasiones. Y es que ya se sabe que las comparaciones son odiosas pero aquí nos están obligando a hacerlo desde el mismo instante en que para promocionar esta triste cinta nos recuerdan con una sonrisa los bailoteos que se pegaba Paz Vega entre sábanas.
Es sabido que David Serrano, director de semejante despropósito, es un apasionado de los musicales y no sabemos si por esta pasión ha decido incluir tres numeritos musicales, si pueden denominarse así, para incluir la cinta en el género comedia musical. Lástima que una docena de bailarines que no aportan nada a la trama consigan desquiciar al espectador deseando que desaparezcan de la pantalla.
La película rodada casi en su totalidad en exteriores no consigue despegar en ningún momento y cuando se atisban instantes en los que parece hacerlo, gracias al buen hacer de Miren Ibarguren, el guión aparece de nuevo para que dejemos de soñar en El otro lado de la cama.
La historia, al más puro estilo comedia americana, llena de situaciones liantes que no dejan de sucederse sin ton ni son no engancha. No importa cual de las tres protagonistas conseguirá llevarse el gato al agua, ni los caminos hasta lograrlo ni tampoco importan los intentos de los actores por conseguir un buen resultado. Lo que realmente es trascendente es que se hayan invertido cuatro millones de euros en producir semejante film.
Al contrario que Martinez-Lázaro, que se rodeó en su día de actores en su mayoría cómicos, David Serrano ha apostado para los roles principales por actores casi principiantes en el humor, acertando de lleno. La exuberante Angie Cepeda, asidua de los culebrones sudamericanos, intenta convencer con unos chistes demasiado sabidos. Con otro guión en la mano la colombiana lo hubiera bordado. Mientras que su compatriota Juana Acosta ha de hacer todo lo posible para que olvidemos su bochornosa escena en la farola.
El gran descubrimiento ha sido Quim Gutiérrez. Desconocíamos su vena cómica y sorprendentemente es lo mejor de la cinta. Habrá que seguirle la pista.
A pesar de los intentos de su director de vendernos la película como un homenaje a Todos dicen I Love You de Woody Allen y que resuenen ecos del realismo mágico de Cien años de Soledad, no estamos más que ante un intento de comedia española en su mayoría vergonzoso.

Lo mejor: el tándem formado por Quim Gutiérrez y Miren Ibarguren.
Lo peor: sus ínfulas de comedia musical.

miércoles 14 de julio de 2010

lunes 12 de julio de 2010

Nueve meses

Rodrigo García vuelve con una historia cargada de realismo pero no precisamente del realismo mágico que caracteriza la obra de su padre Gabriel García Marquez sino de una realidad que duele, tan cercana como profunda.
Tras el fracaso que supuso su anterior cinta, Passengers (2008), García vuelve a entregar lo que mejor sabe defender, el universo femenino. Nunca se ha definido con tanta precisión el sufrimiento de una mujer como en toda su obra aunque Madres e hijas supone una leve ruptura con sus cintas maestras, Cosas que diría con solo mirarla (2000)y Nueve vidas (2005). Aquí no tenemos pequeñas delicias en formas de cortos sino un relato al más puro estilo de Amores perros. Las relaciones entre esas hijas y sus progenitoras se van encontrando a lo largo del metraje logrando una fusión realmente emotiva. Si bien podría ser carne de telefilm de Antena 3, la delicada dirección del cineasta colombiano convierte a Madres e hijas en un alarde de buen gusto cinematográfico a la que hay que añadir la sabia elección de los actores.
Una vez más Naomi Watts no sorprende. La rubia, a la que pronto veremos convertida en Marilyn Monroe, se marca una interpretación de Oscar. La exigida frialdad de su personaje aporta una mezcla de sensualidad y maldad que a más de uno le quitará el sueño.
Aplaudida también es la caracterización de Annette Bening como la sufrida madre atormentada por la pérdida de una hija dada en adoptación cuando era una adolescente.
García nos brinda de una forma pausada pero directa el calvario de una madre y una hija separadas pero con algo en común mas que los lazos sanguineos y es que ese hecho marcará sus vidas para siempre.
Sin llegar a alcanzar el nivel emocional tan alto que consiguió Nueve vidas, este nuevo retrato femenino deja un buen sabor de boca que mejorará con el tiempo al pensar en ella.

Lo mejor: una sublime Watts y una recordada Bening hacen que el corazón se revuelva en una cinta que no se confoma con lo fácil.
Lo peor: en ocasiones se pierde en continuas reiteraciones.
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