
Aburrida es el adjetivo clave para definir la última gala de los Oscar. Ya sea por lo previsible de los premios o por los escasos momentos cómicos de los maestros de ceremonia, la noche se hizo eterna.
Tal vez el mejor instante fue ver a una nerviosa Kathryn Bigelow subiendo al escenario y convertirse en la primera directora de la historia en alzarse con un Oscar. Si bien The Hurt Locker no conforma una cinta inolvidable
el hecho de que haya sido coronada como mejor película se debe en gran parte al voto anti-Avatar. La propuesta de Cameron ha sufrido un aluvión de críticas y constituido un gran debate. ¿El espectáculo tridimensional se debe equiparar con el cine convencional? Esta ha sido la pregunta que muchos académicos se han tenido que hacer rindiéndose al final por un trabajo excelentemente ejecutado pero con carencias emocionales y es que no hay que olvidarse de que no es oro todo lo que reluce y
la cinta de Bigelow por momentos se olvida de la neutralidad de la que tanto alardea. No obstante, el triunfo de The Hurt Locker no desmerece. Los aspectos técnicos y la dirección de Bigelow son extraordinarios robándole a Avatar la tensión que debería tener.
Lo único que resultó desconcertante en una noche somnolienta fue el Oscar de Precious como mejor guión adaptado.
Craso error premiar un texto tan excesivamente lacrimógeno dejando en el olvido a la gran derrotada de la noche. Up in the Air se fue de vacío siendo una excelente cinta que optaba a la mejor estatuilla.

En el apartado interpretativo no se dio esa ansiada sorpresa que dejara a los presentes con la boca abierta al igual que Almodóvar en la última entrega de los Goya. Los impresionantes trabajos de Mo´nique y Waltz eran premiados como se esperaba al ser de lejos mejores interpretaciones que la de la categoría principal. Ya sabemos que a la Academia le apasiona el cambio de registro en sus actores. Transitar de la comedia más chispeante al duro drama es un acierto de cara a los Oscar y de esto sabe bastante Sandra Bullock. La que fuera Miss Agente Especial logró hacerle sombra a una radiante Meryl Streep y una Carey Mulligan desbordando elegancia en cada plano.
El Oscar de la Bullock recuerda el robo que sufrió Ellen Burstyn de manos de Julia Roberts con su papel más comprometido por Erin Brockovich.
Otro momento especial, sin duda, fue la ovación a Jeff Bridges cuando Kate Winslet le entregó el Oscar a mejor actor. Con una presentación inmejorable de la mano de la bellísima y desaparecida por estos lares Michelle Pfeiffer, Bridges se merecía de una vez dicho reconocimiento.

El secreto de sus ojos consiguió para Argentina su segundo Oscar. La cinta de Campanella era de las favoritas, sólo la olvidada historia de Haneke sobre el origen del fascismo le podía aguar la noche y no fue así.
En definitiva, una velada completamente previsible, carente de emoción y haciéndonos recordar que cualquier tiempo pasado fue mejor a pesar de los intentos por recuperar el glamour de antaño.
Ni Steve Martin ni Alec Baldwin lograron hacer olvidar el show que se marcó el Sr. Jackman en la ceremonia del año pasado. Otra vez será.