domingo 29 de noviembre de 2009

Repugnante viaje al centro de la mente

Provocación en estado puro con una técnica brillante. Interpretaciones que rozan la perfección. Absorbente. Son varios titulares con los que Anticristo se puede definir. A pesar de que nos encontramos ante una cinta que no me dejó indiferente (y no para bien) estoy muy de acuerdo con ellos.
El controvertido director no se deja nada en el tintero a la hora de mostrarnos sus angustias asumiendo el riesgo que eso conlleva. En razón de pocos minutos pasamos de unas imágenes excepcionales con una banda sonora estremecedora en el prólogo a una serie de capítulos a cual más esperpéntico. Innecesario son esos primeros planos dónde el dolor sustituye al miedo de los protagonistas aunque si los hacemos desaparecer ya no está presente la provocación a la que tanto nos tiene acostumbrados von Trier.
Anticristo no va a defraudar a nadie. Los más fieles seguidores del director Danés estarán más que satisfechos con la terapia que les ha preparado. Para sus detractores será una guinda muy sabrosa, pues tienen material para despellejar durante largo rato. Sin embargo un espectador objetivo contemplará las paranoias de una Charlotte Gainsbourg (impresionante) hasta rozar el vómito.


Los caminos que se contemplan en el film como el desespero o la ansiedad tras el sufrimiento resultan pedantes en la forma que están expuestos y sólo algunos lo valorarán de tal forma olvidándose de la naturalidad.
Lo mejor: el inmejorable prólogo en blanco y negro. Grabado en la mente por tiempo.
Lo peor: es tan sencillo caer en la provocación como salir de ella sin haber entrado.

+ que una BSO: 'Closer'

Normalmente lo que hace inolvidable un film es el guión o las interpretaciones, sin embargo en algunos casos lo que resalta además de lo anterior, es su música o una cierta canción. Cuando abandonamos la sala de cine en multitud de ocasiones y antes de comentar nada vamos tarareando una cancion o melodía que nos ha entusiasmado. Algunas de ellas se han convertido en la banda sonora de nuestras vidas.
Closer (Mike Nichols. 2004) tal vez sea el ejemplo más claro. Un guión que hace aguas en momentos pero no deja de resultar una propuesta muy interesante. Si además reunimos a un elenco formado por cuatro bellezas interpretativas (imponente Natalie Portman) soltando frases tan sugerentes como pretenciosas conseguimos un filme muy digno de ver.
Pero eso no es todo, el director de El graduado nos da a conocer una de las canciones más romanticonas de los ultimos años para abrir y cerrar el mejor de sus trabajos: the blower´s daughter (O. 2002) del compositor irlandés Damien Rice. Y es que al igual que ocurre con otros aspectos como la fotografía o el montaje, la música en infinitas ocasiones se convierte en una protagonista más. Nichols lo tiene muy en cuenta y saber elegir este temazo resulta una opcion más que inteligente.
Susurros y voces al límite son ingredientes básicos en la discografía de Damien Rice. De su primer álbum hay que rescatar varios temas "Amie", "Cold Water" " I remember" muy en la linea del tema central de Closer.
Una vez más el cine no sólo regala imágenes imborrables también nos concende el placer de disfrutar de piezas como este "the blower´s daughter".

sábado 28 de noviembre de 2009

Los abrazos fríos

Podrían ser fríos más que rotos estos últimos abrazos de Almodóvar. El director manchego no sorprende pero no decepciona. No nos encontramos ante una de esas obras maestras de las que hace tiempo no nos deleita pero tampoco estamos ante una cinta pésima. Combina como nadie el drama de manos de la inmejorable Blanca Portillo con tintes cómicos de la mano de una sensacional Carmen Machi y una divertida Lola Dueñas.
Es evidente que tener en los títulos de crédito a Penélope Cruz vende y mucho pero no nos equivoquemos, no es el mejor papel ni el más complicado de la madrileña ni de lejos. Su interpretación resulta forzada y poco convincente, prefiero a la Penélope menos comedida que a la que se pone a soltar frases mirando al techo con cara de sufrimiento. Del elenco masculino resaltar la labor de Jose Luís Gómez y Lluis Homar, ambos impresionantes encarnando las dos caras opuestas del amor.
Mal acostumbrados nos suele tener Almodóvar a la narración lineal, en los Abrazos Rotos los flashback se suceden constantemente pero no resultan especialmente difíciles de digerir aunque desde Volver el oscarizado director nos hace papilla el guión para que no nos atragantemos. Todo resulta tan mascado y tan previsible que no permite que el espectador llegue a sorprenderse en ningún momento. Sin embargo emocionar lo consigue con creces simplemente con un plano compuesto de un televisor y unas manos. Inolvidable.
Muchos pueden tachar el film de tramposo por concluir con un corto tan cómico que supera el dramatismo pausado pero Almodóvar nos ha querido ofrecer un grandísimo homenaje a su mejor obra (Mujeres al borde de un ataque de nervios) para nada despreciable.
Lo mejor: el plano del televisor con la música de Alberto Iglesias de fondo.
Lo peor: la sensación de frialdad durante gran parte del film.

Con un nudo en la garganta

Si la última obra del cineasta británico no te golpea el corazón se necesita un nuevo visionado y si ya con eso no alcanza a que los ojos se te inundan en un mar de lágrimas es para tratarlo.
Nos encontramos con una obra maestra imprescindible de contemplar, una maravilla para los sentidos donde nada falta ni sobra.
El director de las magistrales Billy Elliot y Las Horas nos adentra sin contemplaciones en un gran dilema. ¿Por qué no odiamos al personaje de la Winslet por lo que ha hecho si durante toda la vida nos han dejado claro quienes son los buenos y los malos? ¿Por qué en esta ocasión intentamos comprender a alguien tan aberrante y sincero a la vez? Daldry no responde a esas preguntas si no que concede al espectador la posibilidad de examinarse y de qué manera.
La moral y el perdón se baten a duelo en toda la proyección logrando momentos de un cine tan indigesto como portentoso.
El film aparentemente sencillo en una primera parte en el que se nos muestra el enamoramiento de una insondable treintañera con un joven estudiante escarba en un segundo acto en las conciencias de la sociedad alemana de la posguerra.
No sólo es Stephen Daldry el Midas de El Lector, David Hare es el gran responsable de que la deslumbrante novela de Bernhard Schlink tenga vida adaptándola como mejor sabe hacer. Si bien la novela es estremecedora no menos es el film.
La valentía de Kate Winslet como actriz es patente, imprime a su Hanna Schmitz rudeza en su
manera de caminar dureza en su mirada y una expresividad soberbia sin abrir la boca y al abrirla es para demostrar que no se le resiste ningún personaje por muy complicado que sea.
A su altura un David Kross comiéndose la pantalla en cada escena, poniéndose en la piel de una nación que prefiere esconder la cabeza a perderla.
Es seguro que El Lector no dejará indiferente a nadie, puede apasionar o aburrir a partes iguales pero de lo que no cabe duda alguna es que estamos ante una verdad magistralmente contada.
Lo mejor: la adaptación de David Hare.
Lo peor: que muchos se queden con la naturalidad de esos cuerpos desnudos.
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